viernes, 27 de febrero de 2009

EL FANTASMA

por Minerva Garcia


El fantasma, si, suena como un buen nombre para este relato de un padre que nunca fue. En la foto aparecemos Charlie, yo, mi madre, mi hermana, Chico-esposa de mi primo Roberto. En cuclillas está papi, en sus brazos carga a Ruthie, la hija de Roberto y Chico, a su lado están Socorro y mi primo Douglas, su esposo. Esta foto fue tomada en Noviembre 1965, un mes luego de haberme casado con Charlie.
Conocí a Charlie porque era primo de mi vecina Clari, él estaba en el ejército y cuando tenía pase venía a verla. Nos habíamos pasado en el pasillo del edificio y siempre me saludaba. Un día me pregunto si podía escribirme y le dije que si. Luego de dos meses de estar escribiéndonos cosas insignificantes un día me pidió que me casara con él y yo le dije que no. Yo no había cumplido los diecinueve años, estaba en la universidad, quería ser pediatra y tenía muchos planes para mi futuro. El fué y le pidió mi mano en matrimonio a mami y ella le dijo que si. Le expliqué mis motivos por no querer casarme y ella y me dijo que dejara de soñar, que solamente los hijos de ricos podían estudiar medicina. Me dijo que me tenía que casar, que aprovechara la oportunidad de casarme con un hombre con profesión.
Déjame explicarle algo de papi y mami. Papi era marino mercante así que la mayor parte del tiempo estaba en el mar. Cuando estaba en casa él era la persona más tierna y comprensiva del mundo. Mi madre es volátil, terca, dominante y manipuladora. Hasta papi le tenía miedo, cuando él estaba en casa nunca le llevaba la contraria, siempre le decía que si. Para darle ejemplos, en una ocasión ella le pegó la plancha en la cara a mi hermana, gracias a Dios que ya no estaba muy caliente. Una vez le amarró el cable del teléfono al cuello a mi hermana para ahorcarla. En al menos dos ocasiones le pegó fuego a las cortinas del apartamento porque decía que papi le estaba siendo infiel. Amenazaba con pegarse en fuego si papi discutía con ella. Asi que entenderán que no había otra alternativa que casarme.
Charlie dijo que yo podría estudiar luego de casarnos. Me casé el día que cumplí los diecinueve años. El día de la boda papi lloraba y me pidió perdón por no haberme respaldado más. Yo perdí mi virginidad a los tres días de casada, no como en las novelas de romance donde el marido te cubre de besos y caricias, sino con violencia y sin siquiera un beso. En noviembre nos mudamos a Puerto Rico, vine a vivir con Charlie al residencial Dr.Pila en Ponce, en el apartamento de sus padres y ocho hermanos, Charlie era el mayor de catorce. El era enfermero graduado y sus uniformes eran de algodón grueso. Tenía que lavarlos, almidonarlos a mano y plancharlos. Confieso que nunca lo había hecho anteriormente, no quedaban como él quería, con un filo que se podía usar para cortar una pared de bloques. Los arrancaba del gancho y los tiraba al piso, diciéndome que no servía para nada. Me gritaba que los recogiera y los volviera a lavar y planchar. Con la comida me hacia algo similar, tirándola al piso decía que eso no servía ni para los puercos. Se iba y llegaba tarde, borracho y amenazando darme. Cuando lo oía llegar cerraba los ojos y me hacia la dormida para que no me tocara. Cuando el quería me exigía hacer el “amor” con el, eso era sin un beso ni una caricia. Me usaba violentamente, me recordaba del único consejo que me dio mami a la hora de casarme,” lo único que tienes que hacer es cerrar los ojos y abrir las piernas”. Cuando él había terminado corría para el baño, me sentía sucia, violada. A los tres meses de casados un día me dijo que quería un divorcio, que no me quería, que el era homosexual, solo se había casado conmigo para el “tape”. Pero no quería que la familia se enterara, que me quedara y luego nos divorciábamos. Continuaba llegando borracho y amenazando darme. Una noche llegó borracho y sí me dio, esa era la última vez, fui a la cocina y busqué un cuchillo. Don Eduardo el padre de él me quitó el cuchillo diciéndome que su hijo no valía la pena. Al día siguiente llame a papi y le pedí que me mandara el pasaje de regreso a Nueva York.
Al día siguiente de haber llegado me llevaron al doctor y me dio la noticia, tenia dos semanas de embarazo. Cuando le informé a Charlie me dijo que me hiciera un aborto. Volví a verlo cuando tenía siete meses y su saludo fue “todavía estás cargando esa basura, no es mío”. Cuando nació mi hija él rehusó ir a verla. Antes de mi hija haber cumplido su primer año me divorcié.
En 1971 regresé a Puerto Rico a vivir y aquí conocí al que es mi compañero aun. Encontré a Charlie cuando mi hija tenía siete años y le dije que quería que mi hija lo conociera. El vino a verla en dos ocasiones y fué a la corte a exigir derecho de llevársela a Ponce los fines de semana. Yo no podía dejar a mi hija irse con un desconocido. Luego de varios intentos para que no le dieran ese permiso mi último recurso fue decir que él era homosexual. Ya Charlie era siquiatra, así que el juez estaba a favor de un profesional y no de una madre quien trabajaba en una oficina de médico. El juez dijo que se iba a investigar mi acusación y si era una calumnia yo iba a la cárcel por difamación. Charlie se fue y yo al menos no lo he vuelto a ver.
Cuando mi hija tenía veintidós años se encontró con unos primos quienes la conocieron por la semblanza a la familia. Ahí ella conoció a sus abuelos paternos. Ellos le dieron el número de teléfono del padre, pero cuando ella lo llamó él le dijo que no quería saber nada de ella. Aun así continuó sus relaciones con el resto de su familia. El año pasado falleció su abuela paterna, Charlie estaba allí y le preguntó a una sobrina que quien era esa muchacha, su sobrina le contestó “es tu hija”, y él se levantó y se fue de la funeraria.
No quiero terminar esto sin antes decir que las personas somos producto de nuestras experiencias. Mi madre nació en 1932 durante la gran depresión, ella era la novena de once hermanos. Mami solo se recuerda que su mamá sufría porque su padre estaba con otras mujeres, cuando venía a la casa era a maltratar a mi abuela y a darle a mis tíos. No había dinero ni para la comida y la poca que se podía comprar era para mi abuelo. Mi abuela se dejó morir a los treinta y dos años. Mami tenía siete años, y fue pasada de casa en casa como sirvienta. Siempre he creído que en casi de mami también existió incesto, no por algo que ella haya dicho sino por lo que no dice. Entiendo que las actitudes de mami fueron tratando de protegernos de lo que ella había sufrido.
Charlie nació en un tiempo en que no se aceptaba la homosexualidad, quiso ocultarlo pero no lo logró y se desquitó con la hija. No puedo guardarle rencor porque sin querer me ha dado un regalo de amor. Amo a mi hija y mis dos nietos, me da pena con el que nunca los ha podido

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