sábado, 7 de marzo de 2009

DOS BARRIGAS-RAMONITA CANALES

Estando en la Casa Nueva Esperanza, en la Calle del Carmen en Sabana Seca, comencé a tomar un taller conocido como “Barrigas”. Un día nos dividimos en grupos de dos. Era para hacer un ejercicio de diálogo. Me tocó con Carmen. Sacamos un papelito al azar. El tema fue el de las barrigas y los partos. Tenía mos que hablar durante 5 minutos de este tema y luego transcribir el diálogo-entrevista en un papel.

Así conocí a Carmen y la historia de sus embarazos.

Como todos sabemos, las personas son diferentes. Lo mismo ocurre con los embarazos y los partos. Carmen me contó que salió embarazada, pero que no se atrevía a decirle nada a su mamá por miedo a represalias. Ella ya era una mujer mayor, pero su madre siempre fue muy estricta. Al fin, encontró coraje para confesar su secreto. Para su sorpresa, todo transcurrió con mucha comprensión de parte de ella. Tuvo todo el apoyo de su madre. Lamentablemente, su embarazo terminó en aborto.

Luego de esa experiencia, Carmen salió embarazada nuevamente. La niña que tuvo le nació enferma. Nació de cuatro libras, porque no recibía suficiente alimento por medio de la placenta. Pero Carmen conservó la calma. Poco a poco, su hija sanó. Hoy Carmen le da gracias a Dios y ha aumentado su fe.

Dos embarazos, dos historias diferentes. Aquí podemos ver la diferencia que existe entre barriga y barriga.

TE VOY A CONTAR LA HISTORIA DE MI VIDA- Carmen Juana Reyes

De pequeña era una niña solitaria, acomplejada, llena de temores. En la escuela aunque tenía buenos amigos, me sentía sola, porque no todos eran buenos amigos en verdad. Fui creciendo y cogiéndole rebeldia a la vida . En la intermedia tuve que abandonar la escuela por un año, pues mi mamá estaba embarazada de trillizos y necesitaba ayuda. Eramos una familia numerosa de escasos recursos. Luego regresé y seguí con mis estudios . Llegué a la escuela superior y en el tercer año, por un disgusto con mi padre, quise abandonar la escuela nuevamente. Mi padre era muy estricto. En mi casa había que hacer lo que él dijera. Yo sabía que él tenía una querida, justo al frente de mi casa. Me molesté con él, pero como mi madre se lo permitía, ¿qué podía hacer yo? Ese coraje fue creciendo.

Un día mi prima, que también se quedaba a veces con nosotros en la casa, hizo una de las suyas. Mi padre me culpó a mí y no era cierto. "No fui yo", le dije, mientras me pegaba. Y entonces pensé: "!Qué injusta es la vida! El puede hacer lo que le dé la gana, pero a mí no me perdona ni lo que yo no he hecho".

Eramos siete varones y dos hembras. Si queriamos ir a una gira o a cualquier sitio, lo teniamos que costear nosotros mismos. Yo le planchaba la ropa a mi vecina para ganarme uno cincuenta o dos dólares. Un dia me harté de todo eso, me enojé tanto con mi padre que un buen dia agarré mis libros y salí a entregarlos a la escuela. En el camino me encontré con una vecina y me preguntó qué me pasaba. Le conté lo que me pasaba, entré en su casa y ella me aconsejó. Me quitó los libros y no dejó que los fuera a entregar. Me dijo: "Ve a la escuela, habla con los maestros, pero no dejes la escuela" . Me fui, hablé con ellos, que también me aconsejaron que no dejara la escuela. Así lo hice. Decidí seguir estudiando. Ese año cojí el examen para beca en la Universidad y fui el porciento más alto de tercer y cuarto año.

AUTORRETRATO- BEATRIZ

Vivencias taller de escrituras





Expresarme en forma oral, en forma escrita. Expresar sentimientos profundos, nacen de adentro. Hablar del otro, hablar de mí, mirarme al espejo, hablar del reflejo. ¿Que veo en el otro? ¿Qué veo en mí? Mirarme adentro, sentir… ¿Qué veo? ¿Qué siento? Al mirarme en el espejo… Veo a un ser con mirada sosegada, profunda, un ser sincero. ¿El rostro refleja el alma? Si es así, veo un alma sosegada, clara, que penetra en el otro, buscando lo mejor de cada ser.

En el otro encontré que sus ojos hablan, se mueven de lado a lado, hablan de movimiento continuo. Rapidez, empeño. Logro.

Continuamente logrando metas que le dan significado a su vida, a su pasar por la vida a su estar y ser.

Siempre hacia el logro de un plan previamente concebido.

Hablar, pensar, ejecutar rapidito.

Lograr metas



El otro vio en mí…
Ojos de gran belleza, la cual la hace ver siempre juvenil. En su pelo hermoso, que parece el alba, en el comienzo de cada día, veo la gran experiencia y personalidad vivaracha, que la destaca con sus labios y nariz bien formada como una buena negra enamorada.

“Así veo a Beatriz, una siempre mujer, que ama la vida”

UNA HISTORIA QUE CONTAR- Doris Rivera

Mis padres se conocieron cuando estaban mi mamá en quinto grado y mi papá en sexto y se hicieron novios. Mi papá era bastante mujeriego pero su novia oficial era mi mamá. Un día, mi papá fue a visitar a mi mamá y pidió permiso para llevarla a comer mantecado . Pero como antes echaban un chaperón ,se fue mi tío con ellos para la tienda. Mi papá lo mandó a él a comprar las barquillas y en lo que mi tío estaba adentro, mi papá se robó a mi mamá. Entonces , salió mi tío con las barquillas en las manos buscándolos. Se fueron derritiendo las barquillas y él se pasaba la lengua por los brazos para evitar que se chorreara. Los llamaba: “ Aida, Tello”. Se chupaba los brazos llenos ya de mantecado: “ Aida, Tello”. Llegó a casa de mi abuela y le dijo que papi se había llevado a mi mamá. Desde entonces mi tio se quedó “Papo Barquillita” .

Aquí comienza esta historia. Mis padres, después de haber vivido en varios lugares, construyeron una casa de dos cuartos, el matrimonial y el otro y tuvieron su primera hija que es mi hermana mayor. No sé si fue que no nos planificaron, pero cuando ella tenía 1 año y 8 meses nací yo. Entonces eran ya dos en el cuarto. Al año y once meses, nace mi hermano y adivinen qué, también fue para ese cuarto. Recuerdo que cuando mi papá regañaba a uno, los otros se reían, y él optó por darnos a los tres para que ninguno se riera del otro. Mi mamá se había puesto el “coy” y cuando mi hermano tenía cinco años y siete meses, se quita el “coy”. (Me pregunto por qué, pues ya éramos suficientes para el lugar donde vivíamos ) Nace mi cuarta hermana y a los tres años con cuatro meses nace la menor. Para este entonces, la mayor tenia doce años, yo diez, mi hermano ocho, la cuarta tres y la otra recién nacida.



Hubo un momento que mis padres deciden envíar a mi hermano para casa de mis abuelos paternos para que él estudiara por allá. Ellos vivían en Levittown lejos de nosotros. Mi abuelo le decía “el ingeniero” porque pensaban que iba a estudiar mucho, pero mi hermano no estaba bien lejos de nosotros. Mi hermano tenía un cuarto en la casa de mis abuelos donde tenían un altar de santos. Mi abuela tenía una varita de tamarindo arriba de un chinero y con eso ella azotaba a sus nietos cuando hacían algo. Le daba muchos jalones de oreja a mi hermano. En mis memoria, recuerdo que mi hermano se colgó en primer grado, ya no era “el ingeniero”. También recuerdo que mi mamá quería que mi hermano regresara, porque en el fondo sabía que a mi hermano le había pasado algo.. Un día, mi mamá estaba llorando porque mi hermano de la tristeza, y se había afeitado las cejas completas. A mi hermano le pasó algo en esa casa, pero solo él lo sabe.



No recuerdo bien en qué momento pero de adolescentes estábamos juntos en el cuarto. Nosotros tenemos una prima más o menos de nuestra edad, que también se quedaba con nosotros en el cuarto. De madrugada nos poníamos a inventar canciones y las escribíamos y nos reíamos bajito para que no nos regañaran. La cuestión es que mi prima, la que se quedaba en el cuarto con nosotros, se puso a hablar de las discotecas gay y yo les dije me gustaría ir un día para ver cómo son . Ella me dijo “Te vas a llevar una sorpresa y vas a dar la vuelta y te vas a ir”. Yo no sabía de qué hablaban hasta que me contaron que mi hermano era gay. Ya tenía veinte años de edad entonces es que sospecho y me doy cuenta que era verdad.



Mi hermano terminó la escuela y fue a trabajar en una compañía con mi papá. En un viaje que iban a dar para St. Thomas, mi hermano conoció a un muchacho y se fue a vivir con él para St. Croix. Mis padres no sabían nada hasta que el los llamó y mintiéndoles les dijo que se fue a vivir con un amigo de la escuela. Por allá, ellos se casaron y no sé si por vergüenza o por respeto no me quiso enseñar el álbum de bdas.Me cuentan que el otro se vistió de mujer y el de “hombre” . El ha pasado las de Caín con ese hombre. Vivieron catorce años juntos y actualmente están separados. Ha sido duro, porque ellos tienen sus cuentas bancarias y otras cosas en común como una pareja normal.



Cuando yo me separé de mi primer esposo, él dijo que tenía que hacer lo mismo que yo. Llevo diez años con mi actual pareja y ahora es que él pudo salir de la de él. Mi hermano es maestro de Head Start en la actualidad.

martes, 3 de marzo de 2009

MEMORIAS- EL CAMINO DE LAS ACEROLAS-CUCA


Tenía apenas catorce años.No me dejaban tner amigos con privilegio, y mucho menos, novio. Mi mamá decía que estaba muy pequeña para eso.Pero ya a mí me gustaban algunos muchachos del barrio, uno en particular. Quedamos en encontrarnos un día en el Camino de las Acerolas.

De día, allí trabajaban muchas personas en el recogido de las acerolas. Pero de noche era un acmino lleno de árboles, fresco y perfume. No había nadie. Siempre estaba oscuro. Hoy en dia el camino no existe. Construyeron allí la Panadería "Mi Pan".

Un día le pedí permiso para ir a la Igelsia con mi hermano. Ella nos dijo: "Se van los dos juntos y así mismo regresan". Nos pusimos bien contentos, ya que no nos dejaban salir solos y mucho menos, de noche. Nos fuimos rápido. Cuando llegamos a la Iglesia, mi hermano cogió con su amiguita para otro lado. Y yo para lel camino de las acerolas. Oscuro, solitario, pero encantador para un primer beso. Eso era lo que tenía yo en mente, encontrarme con mi amiguito y que me diera mi primer beso.

Allí estaba él, debajo de un árbol. Nos encontramos, hablamos cogidos de mano. Entonces el momento llegó. Pero en esos mismos instantes, mi hermano rompió el idilio. "Se lo voy a decir a Mami" me asucó cuando nos sorprendió abrazados. Yo, llorando, le dije "No s elo digas". Pero él insistió. Cada vez que peleábamos, me chantajeaba. "Se lo voy a decir a Mami". Tanto estuvo que decidí decirle a mi amigo que no me hablara más. Y como él le tenía mucho respeto a mis padres, no me volvió a hablar. No pude darle ningún otro beso. No pude volver con él al oscuro camino de las acerolas.

MEMORIAS-MINERVA


Minerva es una de nuestras talleristas más adelantadas. He aquí un trozo de sus "Memorias de Aibonito".

Yo nací en Nueva York, así que cada oportunidad de venir a Puerto Rico era para mí una aventura. Todo tan diferente, las casas acá eran pequeñas, pintadas de colores vívidos. Las calles estaban limpias y todo era verde alrededor. La gente caminaba tranquilamente, sin esa prisa que identifica a los neoyorquinos. Yo recién había cumplido los once años. Atrás quedó la nieve y el frio ! Estaba en la gloria ¡ En el Puerto Rico de 1957, tan diferente al de hoy día.

Vinimos a vivir en Aibonito,! Qué hermoso pueblo ¡ La casa donde vinimos a vivir estaba en un terreno de dos cuerdas, hecha de un cartón que estaba embreado por un lado y tenía unas piedrecitas verdes al otro. ¡Se podía entrar a la casa simplemente haciéndole un hueco con un cuchillo! Las ventanas eran tablas unidas y se mantenían cerradas con una tranca. Había solamente un cuarto donde las dos áreas de dormir estaban separadas por una cortina. Al frente del “dormitorio” quedaba la cocina. No teníamos electricidad, nos alumbrábamos con quinqué y se cocinaba con querosén en una estufa de dos hornillas. El fregadero quedaba fuera de la ventana y el agua de fregar corría cuesta bajo. ¡Todo era perfecto!

Me recuerdo que por las mañanas, Mami me mandaba con veinticinco centavos a la tiendita de Don Estanislao. El encargo era dos centavos de pan con mantequilla, cinco centavos de café, cuatro huevos y una latita de leche Pet. ¡Lo delicioso que sabían esos desayunos!

Había que bajar a la joya a buscar agua para cocinar y bañarse. Mi hermana Martha rápidamente perfeccionó el arte de cargar agua sobre su cabeza. Se ponía un “toto” sobre la coronilla y ahí cargaba la lata de agua. Su balance era bueno y subía la jalda sin derramar el agua. Yo nunca pude dominar ese trabajo. Siempre he sufrido de migrañas y ¡ eso de yo tener que cargar algo sobre la cabeza, ni soñarlo! Yo cargaba, o intentaba cargar la lata sobre la cadera, pero el meneo con el que caminaba hacía que llegara jalda arriba con menos de un cuarto del preciado líquido. Llegaba empapada, llena de lodo, pero feliz.

La joya era un lugar de paz y felicidad. De camino, recogía y me comía las fresas salvajes, las guayabas y los mangós que encontraba. Ese era uno de los pocos lugares donde iba a estar sola cuando Mami estaba de mal humor. Allí me escondía. Me acostaba en el agua cristalina y fresca, cerraba los ojos, y esa corriente de agua y su murmullo sobre las piedras me tranquilizaban. Lavar ropa era como un juego. Una cogía la pieza, le echaba jabón y luego le daba contra las piedras suavemente. Si tenía alguna mancha, uno la ponía sobre las piedras a que el sol la blanqueara. Se enjuagaba en la corriente y se tendía sobre las matas a secar, de lo que encargaba la brisa calientita.

Mami y Papi trabajaban en un campo recogiendo y cosiendo las hojas de tabaco. Cuando lo permitían íbamos con ellos. El rancho donde se secaban las hojas ya cosidas tenía un techo altísimo donde se colgaban las hojas. El olor era embriagante.

En el terreno donde vivíamos se sembró maíz, habichuelas, papa, batata, calabaza, guineo y plátano. Más retirado de la casa, también se sembró tabaco.

Teníamos un par de gallinas y patos, una cabrita y un cerdito. Cuando se salían de su jaula ,se encargaban de destruir todo lo sembrado. Nunca se pudo comer una gallina criada en casa porque mi hermana y yo nos poníamos a llorar. Se desperdiciaba muy poco. Al mondar las viandas, las cáscaras eran para el cerdito , el poco arroz que sobraba era para las gallinas y patos. La cabrita se encargaba de comerse cualquier bejuco que encontrara, cuando no se estaba comiendo lo sembrado. No había mucho para desperdiciar. Algunas veces la cena de por la tarde era funche, y en otras, sopas de pan. Por las noches se preparaba horchata de ajonjolí ! Qué delicioso ¡

Durante el día, por la ventana se asomaba un cielo azul, montes y muchos árboles. Las casas que se veían, no muy cerca, estaban rodeadas de flores y árboles frutales. Los vecinos ponían lo que no iban a usar; frutas y verduras que les sobraban, en cajas frente a sus casas para el que pasara y lo necesitara, pudiera coger algo. Nunca se abusaba de ese privilegio. Se tomaba solamente lo que se necesitaba.

Por la noche, por aquella ventanita de trancas, se veían millones de estrellas. De las casas se veían la iluminación tenue de una vela o un quinqué. Los más afortunados tenían electricidad y allí se reunían los jóvenes a ver televisión. Las señoras esperaban a media tarde para poder ver su novela.

Los cucubanos parecían miles de diamantitos brillando bajo la luz de la luna. Se escuchaba alguna risa de un vecino o tal vez el ladrido de un perro, pero el concierto estaba a cargo de los coquíes que se esmeraban en hacerse sentir.


En el próximo solar vivía Doña Isabel, había que bajar la jalda con cuidado de no caerse porque no había un camino. Dona Isabel tenia nueve hijos, la mayor era Isabelita de nueve años y el menor Ricardito de seis meses. Tuvo dos barrigas de guares, los primeros de seis años y los otros de dos. Isabelita era la niñera oficial. Estaba todo el día atendiendo a sus hermanitos, cambiando pañales y velando que no se hicieran daño. Los pañales eran de tela y se sujetaban con dos imperdibles grandes. Doña Isabel preparaba una olla de verduras para los nenes y el resto del día era para ir a la joya a buscar agua para poder cocinar, lavar y bañarse. Isabelita la ayudaba en todo. Jamás vi a Don Eulalio darle una mano en algo. Doña Isabel le daba el pecho a Ricardito y a los guares más pequeños. Pegarse los nenes para amamantarlos era algo normal y común. Las mujeres lo hacían en cualquier lugar. Me sorprendí muchísimo cuando supe que Doña Isabel tenía solamente veinticinco años, parecían una anciana. Se había casado a los catorce años y tuvo su primera hija a los quince. Durante el día, Ricardito dormía en el coy en el balcón. Me encantaba ir y atenderlo. Si me permitían, yo le daba su comida, lo bañaba y cambiaba. Luego lo dormía meciéndolo.

Mi hermana y yo íbamos a la escuelita del barrio, estábamos en el quinto grado. La escuelita era un cuarto largo y todos los grados estaban juntos, del primero al quinto. Los grados estaban agrupados por fila, en total habíamos veintisiete estudiantes en los cinco grados. La maestra comenzaba con los del quinto grado asignándoles una lectura, los libros se tenían que compartir, a veces hasta por tres. Así continuaba hasta terminar con los de primero para luego volver a los de quinto. El salón estaba techado por zinc y cuando se ponía demasiado caliente, los murciélagos que se habían refugiados en el techo comenzaban a caer y luego a volar por el salón ¡Como estaba el grito! Los días en que llovía fuertemente había que cerrar las ventanas para que no entrara el agua, y el salón se quedaba a obscuras ¡Más gritos!

Como en todo paraíso, había algo que no nos gustaba, ¡LAS LETRINAS ¡ De noche se podía usar la escupidera que no podía faltar bajo la cama, pero durante el día no. Mi hermana y yo siempre bajábamos juntas a la letrina, y nos esperábamos. Teníamos temor de caer en ese roto, que algo nos tragara o que algún animal saliera de llí. Eran momentos de espanto para ambas, y salíamos corriendo jalda arriba como si algo nos persiguiera.


Luego de diez meses de vivir en paraíso, mis padres decidieron volver a Nueva York. Vendieron la casa y todo lo que tenían. Yo no quería regresar. Le decía a mami y papi que me dejaran con Doña Isabel, pero sabía que nunca me lo permitirían. Y así regrese a los edificios altos, todos del mismo color, a la gente con prisa, basura y nieve en las calles.

ALTAR PERSONAL-RAMONITA


Este altar muestra la foto de una madre, un rosario, papel y lápiz, "para apuntar todo lo que me pasa" y medicinas, las cosas sin las cuales Ramonita no podría vivir.

ALTAR PERSONAL- ALMA



En el año 2000 se presentó la oportunidad de hacer un viaje a la beatificación del beato Carlos M. Rodriguez con el grupo del Diacono Jorge Rivera. Todo estaba preparado para que yo fuera al viaje, pero un mes antes tuve una caída en mi casa y me tuvieron que operar del menisco roto en una pierna. Luego de la operación estuve en sillón de ruedas por tres semanas. Coincidió con la semana santa. Yo le decía a mi esposo Néstor "no voy a poder ir al viaje" y el me dijo "Si Dios quiere que tú vayas, vas a ir". Y asÌ fue. Llegó el dÌa del viaje. Era la primera vez que me separaba de mi familia. Viajaba y sola y tenía mucho miedo a como me sentiría. Pero
Néstor me dijo: "Dios ha permitido que tú hagas ese viaje. Será por algo".

Al entrar al avión, el asiento que me tocó fue de ventana. Yo llevaba una libreta para escribir todo lo que sentía. Llegamos bien y lo que hicimos
fue dejar el equipaje en el hotel y seguir para la iglesia donde todos los puertorriqueÒos tendríamos la misas de comienzo de las actividades.
Al finalizar la misa, Jorge, nuestro guía, nos dio permiso para caminar y ver la plaza y nos dijo: "Dentro de una hora nos encontramos en este lugar". Ya más tranquila, había visto muchos vendedores y cosas bien bonitas, así que me fui a caminar sola. Ví un rosario y , al preguntar por el precio, pensé en mi comadre Annie. Le dije a la vendedora: "Deme dos, uno para mi comadre y otro para mi". Lo más que me gustó fue el precio. !Cinco dólares! El rosario era todo de plata y lo estaba comprando en Roma.¿Qué más podía pedir?

Compré muchos más cosas para otras personas.Pero al los rosarios los llevé a bendecir en la audiencia papal. Estaba feliz y sólo pensaba en Annie, en cómo se pondrÌa
contenta. Lo que yo no sabía era que el rosario se haría mi compañero
inseparable ya que desde que llegué lo metí en mi cartera. Cuando cambio de bolso, lo primero que echo es el rosario. Solo lo saco para rezar.

Hace como dos meses tuve que ir a rezar sola en la casa de una vecina. Al terminar, cuando me fui a montar al carro, se me cayo el rosario. No me di cuenta cuando se cayó. Luego, en casa, cuando volvÌ a rezar, me di cuenta de que no lo tenía. Sentí que algo me faltaba. Lo busqué pero no lo encontré.

Da la casualidad que volvía a la misma casa a rezar al otro día. Me lleve otro rosario, pero me sentía vacía. Ha bía perdido a mi compañero de fe. Cuando llegué a la casa de la vecina, verifiqué que no estuviera sobre la mesa de las flores y luego de saludar le comenté que se me habÌa perdido mi rosario y que llevaba mucho tiempo conmigo. El hermano de la vecina mi dijo: "Fíjate, yo encontré un rosario lleno de fango y lo guardé para ver si alguien lo habÌa perdido". Lo fue a buscar y yo pensaba
"Señor, que sea el mío". Estaba todo lleno de fango,pero lo reconocí. Era el mío. La emociÛn que sentí no la puedo explicar. Pero supe que el rosario como yo también se alegraba de reencontrarme. Así, sucio como estaba, comencé a rezar.

BARRIGAS-MINERVA


La parte del cuerpo que menos me gusta es mi barriga. Es demasiado grande, el ombligo tiene una pequeña cicatriz de cuando me operaron para no tener más hijos. Tiene estrías de mis dos embarazos, mi hija pesó ocho libras y mi hijo nueve. Las estrías parecen como si un niño travieso hubiese tomado un crayón negro y comenzado a hacerme líneas en la barriga. Está flácida, fofa, ancha, tiembla como el jello cuando me muevo. Cuando me pongo ropa parezco estar embarazada, la barriga sobresale a mis pequeños senos y si me aprieto por la cintura parezco un pastel mal envuelto. Mi barriga está tan grande que hay una parte de mi anatomía, debajo de mi barriga, que casi nunca puedo ver. Sobre esa parte que no puedo ver tengo una cicatriz que cruza casi sobre el hueso púbico, esa es producto de una histerectomía hace casi veinte años. Esa cicatriz contribuyó a que mi barriga fuese tan flácida. Pero esa barriga también cargó y protegió a los dos seres que mas quiero, ella hizo su parte, ahora me toca a mi cargarla a ella.

LAS TALLERISTAS



Aquí algunas de las talleristas de Barrigas. De izquierda a derecha: Doris Riversa (tutora de niños en el Proyecto Niños de Nueva Esperanza), Sonia, Carmen Juana Candelaria, Cuca Reyes, Minerva García.
Arriba: Alma y Maria Victoria .

domingo, 1 de marzo de 2009

ALTAR PERSONAL- MARIA VICTORIA


Estos son los objeetos de Maria Victoria. Uno de ellos fue la inspiración para que ella escribiera el relato "Imperdibles".

Los imperdibles



Cuando yo era pequeña, aprendí a coser mirando a mi mamá. Ella cosia en una maquina casera, y siempre tenia cerca sus alfileres y sus agujas. Cosia mucho a mano. Cuando entre al sexto grado, me hice mi uniforme- no muy bien hecho pero estaba orgullosa porque lo había hecho yo. Seguí cosiéndome algunas piezas de ropa. Me casé. Tuve a mis hijos. Mi segundo hijo siempre estaba enfermo, así que deje de trabajar fuera. Como la situación económica no era muy buena, comencé a coserle a personas de la comunidad. Yo cosía por una medida y así estuve diez años. Llegué a hacer muchos vestidos, trajes de hombre, vestidos de novias, uniformes. Para el año 1988 se me presentó la oportunidad de estudiar alta costura por A. D. T. Comencé el curso. La profesora Urbina, me preguntó cómo cosía. Después de contarle y enseñarle varias piezas que había hecho, ella me dijo que yo cosía con un angelito sobre mis hombros que me ayudaba. Estudié, y a los 18 meses me gradué de modista. Aprendí a hacer patrones y muchas cosas más. Me perfeccioné; seguí cosiendo.

Llegó el momento en que monté un negocio donde hacía de todo para bodas, quinceañeros y otras actividades. En el año 1996 me divorcié , y como lo que me ganaba no me daba para sufragar los gastos de la casa y del negocio, tuve que cerrar e irme a buscar trabajo. Trabajé en una tienda de telas y alteraciones de ropa. También en un laundry. Allí conocí a mis imperdibles.



La dueña del landry me lo dijo. “Es mejor usar imperdibles porque cuando el cliente se quita la ropa, con los alfileres se hinca. Con los imperdibles no.” Tenia razón, mucha razón. De ahí en adelante, siempre los utilizo. Si tuviera que huir de mi casa, si tuviera que huir y mudarme a otro lugar, lo primero que cogería serían mi imperdibles.



Y eso, que soy una experta en siempre tener que volver a comenzar. Luego que conseguí trabajo en el londri , tuve diferencias con la supervisora. Dejé el trabajo. Seguí trabajando en casa. A en noviembre de 1997 conseguí trabajo en otro londri en Levittown. Estuve allí por cerca de un ano. A fines del 1998 me ofrecieron mejor paga y me mude a ese lugar. Trabajé con mis imperdibles haciendo alteraciones en ropa. Lo hice durante siete años. Luego me fui a un laundry en la avenida Roosevelt. Alli, además de los entalles, trabaje planchando y atendiendo publico. Por eso tengo los brazos llenos de quemaduras. Por razones de economía, cerraron el laundry. Y decidi no trabajar en ningún establecimiento que no fuera en casa. Ahora, con mis imperdibles trabajo en mi casa. No gano lo mismo, pero puedo dedicarle mas tiempo a mi esposo y a otras cosas.

ALTAR PERSONAL- ZORAIDA




Como parte del taller "Barrigas en Nueva Esperanza" hicimos un ejercicio que se titula :Altar Personal. ¿Si tuvieras que salir huyendo de tu casa, qué cinco objetos salvarías? ¿Cuáles cinco objetos constituirían tu altar personal? Esto fue lo que trajo Zoraida.