martes, 3 de marzo de 2009

ALTAR PERSONAL- ALMA



En el año 2000 se presentó la oportunidad de hacer un viaje a la beatificación del beato Carlos M. Rodriguez con el grupo del Diacono Jorge Rivera. Todo estaba preparado para que yo fuera al viaje, pero un mes antes tuve una caída en mi casa y me tuvieron que operar del menisco roto en una pierna. Luego de la operación estuve en sillón de ruedas por tres semanas. Coincidió con la semana santa. Yo le decía a mi esposo Néstor "no voy a poder ir al viaje" y el me dijo "Si Dios quiere que tú vayas, vas a ir". Y asÌ fue. Llegó el dÌa del viaje. Era la primera vez que me separaba de mi familia. Viajaba y sola y tenía mucho miedo a como me sentiría. Pero
Néstor me dijo: "Dios ha permitido que tú hagas ese viaje. Será por algo".

Al entrar al avión, el asiento que me tocó fue de ventana. Yo llevaba una libreta para escribir todo lo que sentía. Llegamos bien y lo que hicimos
fue dejar el equipaje en el hotel y seguir para la iglesia donde todos los puertorriqueÒos tendríamos la misas de comienzo de las actividades.
Al finalizar la misa, Jorge, nuestro guía, nos dio permiso para caminar y ver la plaza y nos dijo: "Dentro de una hora nos encontramos en este lugar". Ya más tranquila, había visto muchos vendedores y cosas bien bonitas, así que me fui a caminar sola. Ví un rosario y , al preguntar por el precio, pensé en mi comadre Annie. Le dije a la vendedora: "Deme dos, uno para mi comadre y otro para mi". Lo más que me gustó fue el precio. !Cinco dólares! El rosario era todo de plata y lo estaba comprando en Roma.¿Qué más podía pedir?

Compré muchos más cosas para otras personas.Pero al los rosarios los llevé a bendecir en la audiencia papal. Estaba feliz y sólo pensaba en Annie, en cómo se pondrÌa
contenta. Lo que yo no sabía era que el rosario se haría mi compañero
inseparable ya que desde que llegué lo metí en mi cartera. Cuando cambio de bolso, lo primero que echo es el rosario. Solo lo saco para rezar.

Hace como dos meses tuve que ir a rezar sola en la casa de una vecina. Al terminar, cuando me fui a montar al carro, se me cayo el rosario. No me di cuenta cuando se cayó. Luego, en casa, cuando volvÌ a rezar, me di cuenta de que no lo tenía. Sentí que algo me faltaba. Lo busqué pero no lo encontré.

Da la casualidad que volvía a la misma casa a rezar al otro día. Me lleve otro rosario, pero me sentía vacía. Ha bía perdido a mi compañero de fe. Cuando llegué a la casa de la vecina, verifiqué que no estuviera sobre la mesa de las flores y luego de saludar le comenté que se me habÌa perdido mi rosario y que llevaba mucho tiempo conmigo. El hermano de la vecina mi dijo: "Fíjate, yo encontré un rosario lleno de fango y lo guardé para ver si alguien lo habÌa perdido". Lo fue a buscar y yo pensaba
"Señor, que sea el mío". Estaba todo lleno de fango,pero lo reconocí. Era el mío. La emociÛn que sentí no la puedo explicar. Pero supe que el rosario como yo también se alegraba de reencontrarme. Así, sucio como estaba, comencé a rezar.

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