viernes, 27 de febrero de 2009

EL VIVIDOR

EL VIVIDOR

por Sonia Marrero

A los seis años, mi mamá se separó de mi papá porque era alcohólico. Eramos seis. Tres niñas, dos niños. Al tiempo, se consiguió otro esposo. Este era un vividor y un fresco. Cuando mi madre se puso a vivir con él, yo tenía ocho años. Mujeriego, siempre se la pasaba peleando en aquella casa. Entre esos gritos crecí yo hasta que a los trece años me vino mi primera regla. Entonces noté algo extraño. Cuando yo me metia en el baño, sentia que alguien me miraba. Y era el marido de mi mamá, que le habia hecho un roto a la puerta. El inodoro quedaba justo al frente de aquel roto. El lo habâa cambiado así, antes estaba de lado. Ahora me tenía allí, de frente sentada, teniendo que ir a cada rato al baño porque sangraba mucho. A veces estaba hasta treinta días sangrando.

Cuando me dí cuenta del asunto, se lo quise decir a mi mamá. Pero ella estaba ciega. No me quería creer. Yo insití. Le dije: Mami, cada vez que me meto en el baño, tu marido me vela". Entonces ella me dijo: "Pues no vayas al baño cuando yo no esté. Tú siempre con tus cosas". Y siguió con que no le hiciera caso al hombre ese. Yo lo intenté, pero las cosas se fueron poniendo peor. A veces, de noche, cuando salía al al baño, él estaba escondido en la oscuridad, velando a que yo pasara. Yo corría a encerrarme y después me trancaba en el cuarto. Una vez,me quede dormida, se me quedó la puerta abierta. El entró al cuarto. Me levanté cuando sentí un ruido y le grité asustada: !Qué haces aquí, canto de fresco. El me contestó que estaba buscando un desodorante. Volví a decirle a mi mamá. Me contestó con misma historia. Que no pasaba nada, que no hiciera caso. Yo, rabiosa, le contesté: Si algún dia me llega a tocar ese hombre, lo voy a matar coomo a un perro". Desde ese entonces, mi mente se llenó de pensamientos violentos. No podía dejar de pensar en cómo iba a matar a aquel hombre. Lo veia acostado o sentado en el sillón y en mi cabeza corría la película. Yo con un revólver en las manos, o con una machete. Entonces corría la sangre.

Me empecé a enterar de cómo ese hombre le ofrecía pon a varias vecinas del barrio. Les decía que las llevaba hasta el correo de Sabana Seca y después se metía por la carretera #2 para tocarlas. Muchas se tuvieron que tirar del carro. Algunas vinieron a contárselo todo a mi mamá. Pero ella no lo creía. La ultima que vino, le dijo que en el barrio se reían de ella. Mi madre trabajando para mantener a un hombre que la engañaba y que además tenía una fulana.

La vida en mi casa fue cambiando por culpa de ese hombre. Por culpa de mi mamá y su ceguera. Mis hermanas se fueron casando , tratando de huir de aquella situacón y me qued►é yo sola. Ya yo tenia 23 años, pero no me iba. El me decia, acaba y vete, estas jamona, a ti nadie te va a querer. Pero yo no me iba. Sabia que aquel hombre estaba pendiente a la casa, a todo lo que era mio y de mis hermanos. Todo lo cogía, lo robaba, lo vendía a espaldas de mi mamá. Y yo no iba a permitir que siguiera con sus abusos.

Tuve novios en la calle, pero en secreto. Cuando llegó el atrevido que se quiso presentar en mi casa, aquel hombre le dijo: "Llévatela,y hazle el daño. Yo te pago porque te la lleves. Te doy 500 pesos, un mes de compra y un fardo de arroz". Asi, como si yo fuera una lechona. Luego le añadió: "Si no te gusta, la botas. Lo que su madre y yo queremos es que se vaya de aquí." Mi novio me lo dijo, y yo pensé que ahora, cuando se lo dijera a mi mamá, ella reaccionaria. Ella tan solo se rió. "Tú sabes como es él. No le hagas caso". Entonces,fui a donde mi padrastro y le grité: "De ahora en adelante, te declaro la guerra. Te voy a hacer la vida imposible. Vamos a ver quién da más. A las buenas o a las malas, te voy a sacar de esta casa".

Finalmente, mi mamá amasó el coraje y lo dejó. Por fin aquel hombre se fue de la casa. Invadió un terreno en Ingeio porque estaba enamorado de otra mujer. Aún así, llevó a mi mamá a la corte, le quería quitar la casa. Pero el juez dijo que no tenía nada qué alegar.

Hace cinco años, lo encontraron muerto en la casa del Ingenio. Solo.

EL FANTASMA

por Minerva Garcia


El fantasma, si, suena como un buen nombre para este relato de un padre que nunca fue. En la foto aparecemos Charlie, yo, mi madre, mi hermana, Chico-esposa de mi primo Roberto. En cuclillas está papi, en sus brazos carga a Ruthie, la hija de Roberto y Chico, a su lado están Socorro y mi primo Douglas, su esposo. Esta foto fue tomada en Noviembre 1965, un mes luego de haberme casado con Charlie.
Conocí a Charlie porque era primo de mi vecina Clari, él estaba en el ejército y cuando tenía pase venía a verla. Nos habíamos pasado en el pasillo del edificio y siempre me saludaba. Un día me pregunto si podía escribirme y le dije que si. Luego de dos meses de estar escribiéndonos cosas insignificantes un día me pidió que me casara con él y yo le dije que no. Yo no había cumplido los diecinueve años, estaba en la universidad, quería ser pediatra y tenía muchos planes para mi futuro. El fué y le pidió mi mano en matrimonio a mami y ella le dijo que si. Le expliqué mis motivos por no querer casarme y ella y me dijo que dejara de soñar, que solamente los hijos de ricos podían estudiar medicina. Me dijo que me tenía que casar, que aprovechara la oportunidad de casarme con un hombre con profesión.
Déjame explicarle algo de papi y mami. Papi era marino mercante así que la mayor parte del tiempo estaba en el mar. Cuando estaba en casa él era la persona más tierna y comprensiva del mundo. Mi madre es volátil, terca, dominante y manipuladora. Hasta papi le tenía miedo, cuando él estaba en casa nunca le llevaba la contraria, siempre le decía que si. Para darle ejemplos, en una ocasión ella le pegó la plancha en la cara a mi hermana, gracias a Dios que ya no estaba muy caliente. Una vez le amarró el cable del teléfono al cuello a mi hermana para ahorcarla. En al menos dos ocasiones le pegó fuego a las cortinas del apartamento porque decía que papi le estaba siendo infiel. Amenazaba con pegarse en fuego si papi discutía con ella. Asi que entenderán que no había otra alternativa que casarme.
Charlie dijo que yo podría estudiar luego de casarnos. Me casé el día que cumplí los diecinueve años. El día de la boda papi lloraba y me pidió perdón por no haberme respaldado más. Yo perdí mi virginidad a los tres días de casada, no como en las novelas de romance donde el marido te cubre de besos y caricias, sino con violencia y sin siquiera un beso. En noviembre nos mudamos a Puerto Rico, vine a vivir con Charlie al residencial Dr.Pila en Ponce, en el apartamento de sus padres y ocho hermanos, Charlie era el mayor de catorce. El era enfermero graduado y sus uniformes eran de algodón grueso. Tenía que lavarlos, almidonarlos a mano y plancharlos. Confieso que nunca lo había hecho anteriormente, no quedaban como él quería, con un filo que se podía usar para cortar una pared de bloques. Los arrancaba del gancho y los tiraba al piso, diciéndome que no servía para nada. Me gritaba que los recogiera y los volviera a lavar y planchar. Con la comida me hacia algo similar, tirándola al piso decía que eso no servía ni para los puercos. Se iba y llegaba tarde, borracho y amenazando darme. Cuando lo oía llegar cerraba los ojos y me hacia la dormida para que no me tocara. Cuando el quería me exigía hacer el “amor” con el, eso era sin un beso ni una caricia. Me usaba violentamente, me recordaba del único consejo que me dio mami a la hora de casarme,” lo único que tienes que hacer es cerrar los ojos y abrir las piernas”. Cuando él había terminado corría para el baño, me sentía sucia, violada. A los tres meses de casados un día me dijo que quería un divorcio, que no me quería, que el era homosexual, solo se había casado conmigo para el “tape”. Pero no quería que la familia se enterara, que me quedara y luego nos divorciábamos. Continuaba llegando borracho y amenazando darme. Una noche llegó borracho y sí me dio, esa era la última vez, fui a la cocina y busqué un cuchillo. Don Eduardo el padre de él me quitó el cuchillo diciéndome que su hijo no valía la pena. Al día siguiente llame a papi y le pedí que me mandara el pasaje de regreso a Nueva York.
Al día siguiente de haber llegado me llevaron al doctor y me dio la noticia, tenia dos semanas de embarazo. Cuando le informé a Charlie me dijo que me hiciera un aborto. Volví a verlo cuando tenía siete meses y su saludo fue “todavía estás cargando esa basura, no es mío”. Cuando nació mi hija él rehusó ir a verla. Antes de mi hija haber cumplido su primer año me divorcié.
En 1971 regresé a Puerto Rico a vivir y aquí conocí al que es mi compañero aun. Encontré a Charlie cuando mi hija tenía siete años y le dije que quería que mi hija lo conociera. El vino a verla en dos ocasiones y fué a la corte a exigir derecho de llevársela a Ponce los fines de semana. Yo no podía dejar a mi hija irse con un desconocido. Luego de varios intentos para que no le dieran ese permiso mi último recurso fue decir que él era homosexual. Ya Charlie era siquiatra, así que el juez estaba a favor de un profesional y no de una madre quien trabajaba en una oficina de médico. El juez dijo que se iba a investigar mi acusación y si era una calumnia yo iba a la cárcel por difamación. Charlie se fue y yo al menos no lo he vuelto a ver.
Cuando mi hija tenía veintidós años se encontró con unos primos quienes la conocieron por la semblanza a la familia. Ahí ella conoció a sus abuelos paternos. Ellos le dieron el número de teléfono del padre, pero cuando ella lo llamó él le dijo que no quería saber nada de ella. Aun así continuó sus relaciones con el resto de su familia. El año pasado falleció su abuela paterna, Charlie estaba allí y le preguntó a una sobrina que quien era esa muchacha, su sobrina le contestó “es tu hija”, y él se levantó y se fue de la funeraria.
No quiero terminar esto sin antes decir que las personas somos producto de nuestras experiencias. Mi madre nació en 1932 durante la gran depresión, ella era la novena de once hermanos. Mami solo se recuerda que su mamá sufría porque su padre estaba con otras mujeres, cuando venía a la casa era a maltratar a mi abuela y a darle a mis tíos. No había dinero ni para la comida y la poca que se podía comprar era para mi abuelo. Mi abuela se dejó morir a los treinta y dos años. Mami tenía siete años, y fue pasada de casa en casa como sirvienta. Siempre he creído que en casi de mami también existió incesto, no por algo que ella haya dicho sino por lo que no dice. Entiendo que las actitudes de mami fueron tratando de protegernos de lo que ella había sufrido.
Charlie nació en un tiempo en que no se aceptaba la homosexualidad, quiso ocultarlo pero no lo logró y se desquitó con la hija. No puedo guardarle rencor porque sin querer me ha dado un regalo de amor. Amo a mi hija y mis dos nietos, me da pena con el que nunca los ha podido

TUNA

-En un barril dos días sin comer, pensó. Venía el vendaval, éramos cuatro hermanos, y para que no me llevara la tormenta, me metieron en un barril. Luego se olvidaron de mí. A los dos días, me encontraron.

Yo la miraba con cautela. Fortunata Ayala me asustaba. Había algo demasiado familiar en ella. Demasiado cercano. A fin de cuentas , había ido allí para hacer una entrevista de ambiente, quedar bien con el periódico, salir de allí lo más pronto posible. De Nueva Esperanza. Barriada llena de puntos y de gallinas, de ranchones convertidos en casitas de cemento a medio construir, de cocineras llenas de hijos.

-Pero cómo es posible que una madre dejara a una hija dos días perdida y que luego se diera cuenta?
-Mi madre se olvidaba de mí cada vez que podía. Además, a mí siempre me han perseguido las tormentas.

Tuna me contó cómo, a los cuatro años llegó otra tormenta a Punta Salinas. Esta vez sus hermanos corrían para refugiarse en una casa de cemento que los dueños ahbían abierto. El vendaval era fuerte. Casi cuadno llegaban, al Tobías el hermano, se le zafó Tunita de la mano. Una viento se la llevó en volandas. La encontraron a los cuatro días debajo de unas pencas de palma, resguardada de la lluvia y del frío, tomando agua de unos cocos que le cayeron cerca, y que , por suerte, se rompieron.

-Eso fue cuando vivía en Punta Salinas, después que nos expropiaron, nos vinimos para acá.

Yo la miro con desconfianza. Dos días sin comer metida en un barril a los dos años, a los cuatro, cuatro días son comer, debajo de unas pencas de palma. Miro las manos profundamente negras de Fortunata Ayala. De las muñecas le cuelgan seis pulsos de plata, uno con adornos colgantes blancos con puntos azules en el centro. Parece una pulsera para espantar el mal de ojo. Es flaca, con la boca grande y la sonrisa tímida de las mujeres a quienes les hay hecho creer que son feas. Ese rictus que ví tantas veces en mi madre cuando se reía, ese taparse la boca co la mano y no sostener la mirada de quien se rie contigo. El pelo es corto y peinado hacia atrás, pocas canas. Tiene muchos años, sin embargo en la cara no hay arrugas. Tersa cara negra, la sombra por donde no pasan los años. Así es su piel. Apuesto a que es fría. Acogedora.

Fortunata huele a polvos maja, a jabones muy tenues, a limpio. Me mira desde sus espejuelos de borde de metal. Espera paciente la próxima pregunta.

-Y desde cuándo vive en Nueva Esperanza?
- Desde que me casé con Jorge. Tenía 14 años.

Once hijos, un marido que la maltrataba, no con cantazos, sino con ausencias. Con irse viernes y llegar lunes. Con echarse todo el salario al bolsillo. Entonces fue lo del cuchillo. Para eso vine, para hacerle la entrevista del cuchillo. Para realizar un reportaje de ambiente acerca de las condiciones de vida de las mujeres que viven en Nueva Esperanza. De la mujer que se enfrentó a la miseria y que ganó. Que crió a 8 profesionales, una monja, un contratista, vendiendo pasteles, dulce de coco, lavando. Pero que un buen día, compró un cuhillo y amenazó al esposo. "Me cansé de tanto abuso" le dijo "sI T´U VUELVES A PORTARTE MAL CONMIGO, LO VAS A LAMENTAR" LE DIJO.

El esposo se encarriló y todavía viven juntos. En cuartos separados, pero juntos. Y, según el cura de Nueva Esperanza, son un ejemplo para el barrio. Típica historia de ambiente para la sección de "Comunidad".

Tuna vuelve a sonreir tapándose la boa, desviando la miraba. Esperando. Ella espera. De repente se me aguanta el pecho.

-¿Doña Tuna? cuántos años usted tiene?
-74 años
- Usted ha sobrevivido a mucho.

Yo lo que quiero es que mis hijos sean alguien. Como yo nunca fui nadie.

-¿Cómo va usted a decir eso?


Otra sonrisa de Tuna. Ahora es ella la que pregunta.

-¿Cuántos años teine usted?
-43
-Su mamá debe tener mi edad.
-Ella murió hace 6 años.
-Mis condolencias
-Y se parecía a usted, sobretodo cuando se reía.

Fortunata Ayala sonríe, esta vez mirándome a los ojos.

-Pero ella no sacó el cuchillo.

Fortunata me toca las manos. La mano mía en el papel con notas. La mano de ella envuelta en sus pulseras de plata. Rugosa, olorosa a jabones, a limpio, llena de callosidades. Me toca la mano levemente y em responde

-Es que no ser nadie, cansa.

BARRIGAS DE NUEVA ESPERANZA

Este año, hemos decidido celebrar el Mes internacional de la Mujer desde febrero. Desde Sabana Seca. Desde el Proyecto Nueva Esperanza. Gracias al Auspicio de la Comisión de Derechos Civiles, la Lourdes Miranda Foundation y el Proyecto Niños de Nueva Esperanza, el Salón Literario Libroamerica en Puerto Rico ha comenzado a ofrecer los talleres de escritura personal "Barrigas". Dichos talleres están a cargo de la escritora Mayra Santos-Febres, que se ha estado reuniendo un un grupo de mujeres del barrio, tomando sus historias de vida y convirtiéndolas en textos literarios. Se han efectuado ejercicios de retrato y autoretrato escrito, descripción activa, descripción pasiva, diálogo, memoria.

El fin de este taller es que cada una de las talleristas finalice su particuipación con un escrito o pieza literaria pulidato que leerá en los predios de la Parroquia San José Obrero de Sabana Seca la tarde del domingo 8 de marzo a las 4:00pm. Esta actividad celebrará la diversidad en la mujeer, nuestras historias de vida, nuestras luchas personales en el Puerto Rico e ayer, de hoy y de siempre.